La nueva inmunización se se centra en inducir células T residentes en el hígado, primera zona donde se instala el parásito.
El desarrollo preclínico de una nueva vacuna basada en tecnología de ARNm puede atacar de manera efectiva y estimular las respuestas protectoras de las células inmunitarias contra el parásito Plasmodium, causante de la malaria, enfermedad que, según la OMS, causa más de medio millón de muertes cada año, pero que aún no tiene una vacuna efectiva de larga duración.
Las vacunas tradicionales se centran, generalmente, en antígenos presentes en la superficie del patógeno. Estas vacunas productoras de anticuerpos pueden ser muy potentes y ofrecen inmunidad a largo plazo. Sin embargo, en el caso de la malaria no funcionan muy bien porque el parásito reside dentro de las células a las que los anticuerpos no pueden llegar», explica Gavin Painter, director del proyecto y miembro del Grupo de Investigación Trans-Tasman de Te Heranga del Instituto de Investigación Ferrier de la Universidad Victoria de Wellington.
En la elaboración de la nueva vacuna también participan profesionales del Instituto Malaghan de Investigación Médica, ambos en Nueva Zelanda, así como del Instituto Peter Doherty para Infecciones e Inmunidad en Australia.
Sin embargo, una etapa crucial del desarrollo de Plasmodium ocurre en el hígado de humanos infectados, lo que ofrece un camino potencial para desarrollar una respuesta inmune dirigida a este parásito, señalan los autores en Nature Immunology. Ahora, y tras esta demostración en modelo preclínico, el equipo trabaja en desarrollar ensayos clínicos en humanos.
Painter dice que el enfoque es distintivo, ya que el equipo aprovechó años de investigación previa de los profesores Bill Heath, del Instituto Doherty e Ian Hermans, director adjunto de investigación del Instituto Malaghan.
Genes candidatos
El desarrollo preclínico de una nueva vacuna basada en tecnología de ARNm puede atacar de manera efectiva y estimular las respuestas protectoras de las células inmunitarias contra el parásito Plasmodium, causante de la malaria, enfermedad que, según la OMS, causa más de medio millón de muertes cada año, pero que aún no tiene una vacuna efectiva de larga duración.
Las vacunas tradicionales se centran, generalmente, en antígenos presentes en la superficie del patógeno. Estas vacunas productoras de anticuerpos pueden ser muy potentes y ofrecen inmunidad a largo plazo. Sin embargo, en el caso de la malaria no funcionan muy bien porque el parásito reside dentro de las células a las que los anticuerpos no pueden llegar», explica Gavin Painter, director del proyecto y miembro del Grupo de Investigación Trans-Tasman de Te Heranga del Instituto de Investigación Ferrier de la Universidad Victoria de Wellington.
En la elaboración de la nueva vacuna también participan profesionales del Instituto Malaghan de Investigación Médica, ambos en Nueva Zelanda, así como del Instituto Peter Doherty para Infecciones e Inmunidad en Australia.
Sin embargo, una etapa crucial del desarrollo de Plasmodium ocurre en el hígado de humanos infectados, lo que ofrece un camino potencial para desarrollar una respuesta inmune dirigida a este parásito, señalan los autores en Nature Immunology. Ahora, y tras esta demostración en modelo preclínico, el equipo trabaja en desarrollar ensayos clínicos en humanos.
Painter dice que el enfoque es distintivo, ya que el equipo aprovechó años de investigación previa de los profesores Bill Heath, del Instituto Doherty e Ian Hermans, director adjunto de investigación del Instituto Malaghan.
El hígado, zona clave
Para ofrecer una protección adicional, la vacuna de ARNm se ha combinado con un adyuvante que se dirige y estimula las células inmunitarias específicas del hígado. Este ingrediente adicional ayuda a localizar la respuesta de la vacuna de ARN en el hígado, un sitio clave para evitar que el parásito se desarrolle y madure en el cuerpo.
«Cuando el parásito ingresa por primera vez al torrente sanguíneo, se traslada al hígado donde se desarrolla y madura antes de infectar las células sanguíneas, que es cuando se presentan los síntomas de la enfermedad», señala Mitch Ganley, investigador postdoctoral en el Instituto de Investigación Ferrier y coautor del estudio.
A diferencia de la vacuna contra la covid-19, que funciona mediante la neutralización de anticuerpos, el enfoque único de este proyecto se basa en las células T, que desempeñan un papel fundamental en la inmunidad. Específicamente, un tipo de célula T llamada célula T de memoria residente en tejido, que detiene la infección de malaria en el hígado para detener por completo la propagación de la infección».
Holz destaca una ventaja clave de esta vacuna: no se ve afectada por la exposición previa a la malaria. Explica que muchas vacunas contra la malaria que se están probando han funcionado muy bien en modelos animales o cuando se administran a personas que no han tenido malaria antes, pero no funcionan bien cuando se administran a personas que viven en regiones donde la malaria es endémica.
«Por el contrario, nuestra vacuna todavía es capaz de generar células inmunitarias protectoras específicas del hígado y brindar protección incluso cuando los modelos animales han estado expuestos previamente a la enfermedad».
Fuente: diariomedico.com
