El viernes 4 de marzo se presentó en Argentina el detalle del 6to. Informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático 2022 (IPCC, según la sigla en inglés).
De dicha presentación participaron tres argentinos: Pablo Peri, coordinador del Programa Forestal Nacional del INTA; Paulina Martinetto (Conicet y Universidad de Mar del Plata) y Matilde Rusticucci (UBA-Conicet), quienes advirtieron sobre los riesgos que se avizoran para el planeta y, por ende, para los habitantes del mismo.
El informe, impulsado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), hace foco en las interacciones entre los sistemas acoplados de clima, ecosistemas (incluyendo su biodiversidad) y la sociedad humana. “Estas interacciones son la base de los riesgos emergentes del cambio climático, la degradación de los ecosistemas y la pérdida de biodiversidad y, al mismo tiempo, ofrecen oportunidades para el futuro”, explicaron los autores.
“La sociedad humana causa el cambio climático, pero el reconocimiento de los riesgos climáticos puede fortalecer las acciones de adaptación y mitigación y las transiciones que reducen los riesgos”, apuntaron los argentinos.
El cambio climático genera preocupación en la Patagonia árida y semiárida
El documento es el segundo de tres informes realizados por los principales científicos del clima de la ONU. Su publicación se dio alrededor de cien días después de la Conferencia sobre el Clima de las Naciones Unidas en Glasgow (COP26), en donde se acordó intensificar las medidas para limitar el calentamiento global a 1,5°C y evitar así las peores consecuencias del cambio climático.
“Existe al menos una probabilidad superior al 50% de que el calentamiento global alcance o supere los 1,5 °C a corto plazo (2021-2040), incluso para el escenario de muy bajas emisiones de gases de efecto invernadero”.
“El aumento del calor y el clima extremo están empujando a las plantas y los animales terrestres y marinos hacia los polos, hacia mayores altitudes o aguas oceánicas más profundas”, anticiparon los investigadores. En el océano, las plantas y los animales marinos se desplazaron a una velocidad media de 59 Km. por década por la creciente temperatura del agua. Y prosiguieron: “Muchas especies están llegando al límite de su capacidad para adaptarse y están en riesgo de extinción”.
Un dato llamativo, al menos altisonante es que “alrededor de la mitad de la población mundial actualmente experimenta grave escasez de agua en algún momento del año”.
Alerta pesquera
Un dato de interés para Santa Cruz, una provincia en donde la pesca es un negocio relevante, es que “debido al calentamiento de los océanos, el potencial sostenible para las capturas pesqueras de varios peces y mariscos disminuyó en un 4,1% entre 1930 y 2010”.
Por el calentamiento de los océanos, el potencial sostenible de algunas especies bajó 4,1%
“Las proyecciones actuales indican que con un nivel de calentamiento global de 2°C para 2100, hasta el 18% de todas las especies terrestres correrán un alto riesgo de extinción; la fauna polar (incluidos peces, pingüinos, focas y osos polares), los arrecifes de coral tropicales y los manglares estarán bajo una seria amenaza”, expusieron los investigadores.
Los campos de hielo patagónicos en América del Sur son los cuerpos de hielo más grandes fuera de la Antártida en el hemisferio sur. Dicen que el calentamiento global desde los años 80 hasta ahora ha provocado la “pérdida de 30% a más del 50% de la superficie de glaciares en los Andes”.
Principales riesgos
Los especialistas apuntaron a cuatro riesgos principales: 1. Inseguridad alimentaria debido a las sequías; 2. Inundaciones y deslizamientos; 3. Inseguridad hídrica debido a la disminución de la capa de nieve, reducción de los glaciares y variabilidad en las precipitaciones; 4. Aumento de epidemias, particularmente de enfermedades transmitidas por vectores.
Anticipan un efecto en la salud pública por mayores infecciones a causa de los mosquitos como dengue, zika y chikunguña. El aumento de la temperatura favorece la reproducción de los insectos, que actúan como vector. “Se prevé, además, que empeoren los impactos en la vida rural, en particular para los pequeños y medianos productores”, advirtieron.
En la Patagonia, “los pastizales hacen una contribución significativa a la seguridad alimentaria, al proporcionar parte de los requerimientos de alimentación de los rumiantes utilizados para la producción de carne, lana y leche”. ¿Qué pasa si se sobrepastorea? “Hay una falta de información sobre el efecto combinado del cambio climático y el pastoreo excesivo”, reconocieron.
Pero advirtieron que si la evapotranspiración y el estrés por sequía aumentan, a medida que aumenta la temperatura y disminuyen las precipitaciones en ecosistemas con limitaciones de agua, se esperaría una mayor exposición de los ganaderos debido a una reducción de la carga y, por lo tanto, de los ingresos de las familias.
El trabajo muestra que número de ganaderos (principalmente empresas familiares) expuestos a amenazas climáticas (sequía) es de entre 70.000 y 80.000, que tienen 14 y 15 millones de ovejas en Argentina.
Por lo antedicho, el impacto potencial del cambio climático es de especial preocupación en la Patagonia árida y semiárida, una región de unos 700.000 km2 de llanuras esteparias en Argentina.
“El derretimiento de la nieve y el hielo en los glaciares de la Patagonia y los Andes alterará la escorrentía superficial hacia los humedales interiores; un aumento del nivel del mar de entre 20 y 60 cm destruirá las marismas costeras; y un aumento de eventos extremos, como tormentas, inundaciones y sequías, afectará la biodiversidad en los pastizales húmedos.
Adaptación
Hoy existe una mayor conciencia ambiental de toda la población pero lo que se “rompió” durante tantos años costará recomponer en tan poco tiempo. “Las principales estrategias de adaptación observadas en la agricultura y la silvicultura son la conservación de la gestión del suelo y el agua, la diversificación de cultivos, la producción climáticamente inteligente, los sistemas de alerta temprana, y la mejora de la gestión de los pastizales y el ganado”, describieron los autores del trabajo.
Asimismo, expusieron que “la adaptación requiere mejoras en la estrategia política para abordar el cambio climático pero también un trabajo minucioso para derribar las barreras que limitan la capacidad de adaptación, como la falta de programas educativos para los agricultores y las limitaciones financieras”
Fuente:
| BAE Negocios ( Argentina ) |
| Por Juan I. Martínez Dodda |
